Ya sabes que dejé muchas cosas atrás. Mi vida no tiene nada que ver con lo que era hace seis años.
Lo dejé todo: mi carrera, mis amigos, mi forma de ser.
No sé cómo pude. Si ellos no hubieran estado a mi lado no habría podido.
Pasó el tiempo y perdí toda esperanza de que tú existieras. No, miento, no la perdí.
A partir de un momento dado supe que tú existías, que estabas en alguna parte y que en algún momento nos encontraríamos. Y eso me dió fuerzas para terminar de romper con todo, para darme tiempo hasta que tú llegaras.
Entonces apareciste y todo cobró sentido, entonces lo entendí todo. A veces hay que dejarlo absolutamente todo atrás para empezar algo hermoso.
No echo de menos ni una sola de las cosas que había antes en mi vida. Ni una.
Y es por momentos como los de hoy. Por momentos en los que tú haces que me olvide de todo y sólo existamos tú y yo y las cosas que conforman nuestro pequeño pero maravilloso mundo.
Mira hasta donde hemos llegado. Nuestros primeros viajes, nuestro primer aniversario, nuestra segunda Navidad juntos. Mi carrera, la que me gusta y me motiva, a la que nunca me hubiese metido de no ser por ti.
Tú haces que todo valga la pena, verte sonreír, saber que confías en mí y me esperas, que estás a mi lado y no importa lo que pase porque siempre me demuestras que me apoyas y me llevas hacia adelante, porque tú haces que nosotros dos juntos seamos más fuertes que cualquier cosa que pueda pasar.
Gracias por tu apoyo incondicional, por aguantar mis malos ratos, mis manías, mis tonterías. Por hacerme mimos gustis, por dejar que me enganche de tu dedito por las mañanas, por venir siempre a mí al salir del trabajo. Gracias por no dejarme nunca sola, por secarme siempre las lágrimas, por acostarme, por darme aliento, por consolarme... por estar siempre a mi lado.
Es por momentos como los de hoy, que tal vez no tengan nada de especial para ti o para el resto de la gente, por los que no sé qué haría sin ti. Sin verte intentar imitar el acento argentino. Sin reírme cuando movías la maceta. Sin que me acorrales en el ascensor o me hagas rabiar para ir al wc.
Gracias por la paciencia que tienes conmigo y todo el amor que me das siempre, las 24 horas del día, los siete días de la semana. Gracias por no haber faltado nunca a una sola de tus promesas. Gracias aceptarme como soy y no sólo no querer cambiarme, sino quererme. Gracias por decirme todos los días que me amas. Gracias por todas las pequeñas y las grandes cosas que haces por y para mí.
No sé qué haría sin ti, no quiero perderte nunca.
Si soy feliz hoy en día, es por ti.
Eres el mejor. ¡TE AMO!
Es por ti.
Es por ti que veo ríos
donde sólo hay asfalto
Es por ti que hay océanos
donde sólo había charcos.
Es por ti que soy un duende
cómplice del viento
que se escapa de madrugada
para colarse por tu ventana.
Es por ti que no hay cadenas
si sigo el ritmo de tus caderas.
Es por ti que rozo la locura
cuando navego por tu cintura.
Es por ti que soy un duende
cómplice del viento
que se escapa de madrugada
para colarse por tu ventana.
Y decirte...
Tus labios son de seda,
tus dientes del color de la luna llena,
tu risa la sangre que corre por mis venas,
tus besos la tinta de mis versos,
que siempre te cuentan.
Oh, oh, oh...
Es por ti que veo ríos
donde sólo hay asfalto
Es por ti que hay océanos
donde sólo había charcos.
Es por ti que soy un duende
cómplice del viento
que se escapa de madrugada
para colarse por tu ventana.
Tus labios son de seda,
tus dientes del color de la luna llena,
tu risa la sangre que corre por mis venas,
tus besos la tinta de mis versos
que siempre te cuentan.
Oh, oh, oh...
Que siempre te cuentan.